20 octubre 2015








LA QUINTA SINFONÍA DE BEETHOVEN
Sinfonía del Destino

(Beethoven en unas condiciones de pobreza 

no entendibles, con un viejo clavicordio 

desafinado, con algunas teclas que no 

funcionaban, fue capaz de construir esta 

catedral del arte musical. Él dijo por escrito 

en una ocasión, que el destino llamaba a las 

puertas de su alma.)

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El frío no dejaba hablar al aire.

La calle iluminada de una sombra,

sonaba quejarosa a incertidumbres.

Fervor en las paredes de la noche,

que agarra con las manos la fortuna…
  


Llamaron ocho veces a su puerta.

De un peregrino el cayado Jacobeo,

pidiendo caridad de madrugada,

la madera golpeó con insistencia.

Pam…Pam…Pam…Pam…

¡Ah De la casa… Que Dios sea bendito!

Pam…Pam…Pam…Pam…

!Tened pocas monedas a un mendigo!

El dueño del casón, no tuvo dudas.

Los golpes fueron más que una llamada.

Sonaba melodioso. ¡Era un mensaje!

Su gesto enmudeció para escucharlo.

“Parece una corchea con bemoles”…

Sol…Sol…Sol…Mi bemol…“¡Suena a sonata!”



Dos Pfenning, pan y vino fue limosna

que pudo atesorar el mendicante.

Jamás volvió a llamar a aquella puerta.

Perdido entre la bruma se fue el hombre.

Se dice que fue Dios. Quizá un milagro.



Beethoven se lanzó al papel pautado.

Su mano enloqueció en el pentagrama.

Las notas embriagadas se aferraban

a una coda que estremece al gran maestro.

“¡Será en clave de sol con tres bemoles!”…



Redondas, semifusas, blancas, negras,

se entrelazan con corcheas, después fusas.

Buscan pareja, que del ritmo febril

sean actrices, autoras del momento

más hermoso, que podrán interpretar

en los teatros, la corte… los palacios.



Inútil majestad sin instrumentos

que puedan dar prestancia a este concierto,

resuenan en la mente del maestro.

Es el autor que viene de otra esfera,  

que puede dibujar todas las voces

hacer que los momentos sean rotundos.

Escrito sonará en sus cuatro tiempos,

distinto el Do menor sin los becuadros.



La hermosa sinfonía se ha iniciado.

Resuena en notas fuertes repetidas.

Retumba cautivando, se hace inmensa.

Le sigue un tempo lento, feliz, suave,

de las notas redondas sorprendidas…

perseguidas de un crescendo de corcheas,

de fusas, semifusas impacientes…

Subiendo, se hacen grandes, imposibles.

Buscando el infinito se sublevan…



No se arredra el Destino que persiste.

Lo pondrá en el más tremendo de los retos.

Llamará al final las puertas de su alma,

de par en par abiertas sin cerrojos.

El aire pasará sin miramientos

al mundo de los sueños que lo inundan.

No cejará la nube que lo envuelve

en su empeño de elevarlo hasta lo alto.

Las musas que son sabias lo seducen,

lo transportan, lo llevan, lo hacen suyo.



Su mano no descansa… ¡Es el Destino!

El clavicordio que tradujo el gesto,

el instinto brutal de lo que es grande,

padeció la vejez de muchos años.

No le dejaron presumir de alardes.

Destartalado y torpe lo consigue.

Es viejo el instrumento. No comprende

la tarea brutal que le encomiendan.

La extraña sinfonía es agobiante.

Sus cuerdas no resisten el esfuerzo.

Hay teclas que están mudas, no responden.

Le toca adivinar al que interpreta,

virtuoso en la pobreza más sublime,

la falta de esas notas que están muertas.

Sus dedos son inquietos y nerviosos,

se mueven a un impulso enfebrecido.



La música le amó. Fue lo importante.

Lo quiso y lo abrazó en lo más profundo.

Sacó de su emoción diez sinfonías.

Algunos que lo estudian, dicen nueve.

Él supo adivinar a cualquier nota.

No importa que la Clave fuera anciana,

difícil resolver sus desafinos.

El scherzo y el rondó se han terminado.

¡Las notas ya están puestas en su sitio!



Armonías del alma que se crecen,

dibujando en el aire los sonidos,

pusieron en sus líneas algo excelso.

Catedral que construida sin la piedra,

perdurará sencilla sin ojivas,

arquivoltas, relieves apretados,

sin el mármol fastuoso, petulante,

de esas otras de locas pretensiones,

que la erosión las dejará desnudas

sin nada que decir en sus escombros.



La música coral de iglesia y corte,

pasarán al arcano de la historia,

a los viejos esquemas del pasado.



Esta obra, monumento en el espacio,

con fervor la sostienen los humanos.

Tan fuerte, diferente y delicada

que es inmortal, aún más, es trascendente.

La estructura de sus arcos es virtual.

Las cúpulas son vagas y cambiantes.

Las torres se han perdido en el espacio.

Las gárgolas escupen lo indecible,

gemidos que jamás se han escuchado.



Un canto que conmueve lo divino,

se pierde en el espacio sin barreras,

circunda el macrocosmos que soñamos,

remueve los resortes de nuestra alma,

nos deja levitando en las estrellas…

Es algo que no puede describirse.

Supera hasta dejarnos extenuados,

sin aire, genuflexos ante el genio,

que ha puesto a nuestro alcance el 

universo…


Escrito por –azpeitia- el día de su cumpleaños hoy 17 de Octubre de 2015











5 comentarios:

martinealison dijo...

Bonjour,

Merci pour ce délicieux moment avec ce merveilleux billet.

Gros bisous ☼

Mª Ángeles Cantalapiedra dijo...

Una delicia leerte

Mari-Pi-R dijo...

Cuando escuche la quinta sinfonía me acordaré siempre de tu bello escrito.
Un abrazo.

Azpeitia Aleph dijo...

Martinealison merci a toi pour votre attention....azpeitia

Azpeitia Aleph dijo...

Maria Angeles un abrazo muy grande...donde estás ahora en Argentina....